La región metropolitana de San Pablo, hogar de 20 millones de personas y corazón industrial de Brasil, atraviesa una emergencia hídrica crítica que pone en jaque el abastecimiento de agua potable. La combinación de una ola de calor sofocante, la falta de lluvias y un aumento exponencial del consumo ha dejado a los principales embalses en niveles alarmantes de cara al cierre del año.
Según datos oficiales de la empresa Sabesp, el consumo de agua en la Gran San Pablo se disparó un 60% en la última semana. Lo paradójico es que el incremento ocurre pese a que casi el 30% de la población se encuentra fuera de la ciudad por el receso de vacaciones, lo que evidencia el impacto extremo de las altas temperaturas.
Embalses en zona roja
La situación de los reservorios que integran el Sistema Integrado Metropolitano (SIM) es calificada como "crítica". Actualmente, el sistema opera a tan solo el 26,42% de su capacidad total.
El panorama es aún más sombrío en puntos clave:
- Sistema Cantareira y Alto Tieté: Los dos reservorios más importantes trabajan apenas al 20% de su capacidad.
- Racionamiento: Desde agosto se aplican cortes de suministro programados durante la madrugada, una medida que permitió ahorrar 57.000 millones de litros, pero que resulta insuficiente ante la persistente sequía.
